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sábado, 1 de diciembre de 2012

Amor en Tiempos Revueltos



Justamente este ultimo mes de noviembre de 2012 la RTVE termino su telenovela Amor en tiempos revueltos, una gran obra que comienza en la época de la república española y los primeros años del franquismo.
Una escena que ocurrió durante nuestro ultimo conflicto con los "primos" de Gaza me hizo recordar ese titulo.
Fue durante una metralla de alarmas que tuvimos en la ciudad, una tras otra. Los que estaban en el refugio no consiguieron salir durante un buen rato.
A mi me tocó justo estar caminando por una de las las calles de la ciudad. Con la primera alcancé a correr a la entrada de un edificio.
Mirando hacia afuera con esa mezcla de terror y curiosidad típica de los bombardeados  observé a una pareja en la parada del ómnibus. En realidad no era una pareja propiamente dicha pues llegaron desde dos direcciones diferentes.
Por las circunstancias no había un alma viva en la calle, ni siquiera coches parados.
Estaban tirados uno junto al otro y pegados al interior de la parada.
De pronto el muchacho abrazo a la chica y la cubrió con su cuerpo.
Supongo que la mujer estaba aterrada y el galán la protegió.
Pero no quedo ahí, entre el fin de la primera y segunda alarma, se incorporaron un poco y se quedaron sentados uno al lado del otro con sus rostros casi pegados y el muchacho acariciando sus cabello largo.
Vino la segunda alarma y los dos cayeron abrazados, casi desentendiendose del peligro, en un evidente abrazo amoroso con un rápido juego de manos y ropas. Terminó la segunda alarma y quedaron ahí acostados en el suelo en un evidente acto de amor.
No cruzaban casi palabras, solo las caricias propias del acto.
Pasaron otras dos alarmas y siguieron allí, en el suelo de la parada. Vino la tranquilidad, se levantaron despaciosamente, arreglándose sus ropas.
Se separaron un poco con las manos tomadas y con sus miradas clavadas cada uno en el fondo de los ojos del otro.
Se volvieron a abrazar en un beso profundo, se separaron un poco nuevamente con las manos entrelazadas. Comenzaron a alejarse cada uno en una dirección diferente soltando sus manos de a poco hasta un leve contacto final con la punta de los dedos.
Siguieron su camino sin siquiera darse vuelta una vez, apresurando su paso para llegar a sus destinos.
Salí de mi escondite, y comenzé a pensar en el título de la novela española de la RTVE.

iPad y yo


Este relato lo escribi para el diario de la Olei beer Sheva

La historia comenzó hace algunos años cuando Steve Jobs presentó el 27 de enero de 2010 una especie de iPod grandote, con una pantalla de 10 pulgadas. EL flechazo del Cupido tecnológico fue instantáneo, pero con ese pequeño dolor en el ego de las cosas imposibles.
Leía todo lo que se publicaba sobre el aparato, las maravillas que hacia y sobre las cientos de aplicaciones que aparecían mes a mes.
No se hablaba de un computador portátil pero tampoco de un simple reproductor de música.
Hasta soñaba con el aparato. Cuando entrábamos a algún shoping mientras mi esposa miraba y compraba ropa yo entraba en los negocios donde lo vendían . Lo tomaba en mis manos y lo acariciaba para luego dejarlo sobre el mostrador mientras una lagrima se deslizaba por mi mejilla.
Hasta que llegó el día, estábamos en Madrid, un paseo corto de algunos días. Caminando por la calle Preciados desde la Puerta del sol hasta la Gran vía pasamos por El corte ingles, el gran emporio de ventas español( nunca entendí lo de ingles) y el me miró desde la vidriera.
Pare en seco y le devolví la mirada. Hasta me pareció que la brillante pantalla me pestañeó. Ahí vi el precio, la oferta me pareció mucho mas barata que el precio israelí. Le avise a Claudia y subí al piso de computación. Me conecte a internet en uno de los computadores de muestra que había en las mesas .
Busqué los precios en Israel...la diferencia era considerable. Derrotista como siempre pensando que igual era caro,  baje y le conté a mi esposa.
-¡ Compralo! - Me dijo.
-¡ ¿Para que, quien soy yo, para que lo quiero?!- Le contesté y seguí caminando unos pasos.
Ahí, doña Claudia me tomó del brazo y me ordenó:
-¡ Subí...y compralo!
Le obedecí y transpirando de emoción, subí nuevamente, me acerqué a un vendedor y lo compré junto a un estuche especial.
Baje del negocio contento como un chico con bicicleta nueva.
Ya de vuelta a casa comenzaron los amoríos con el y las aplicaciones que me fueron deslumbrando.
Por ejemplo este HD2office en cual estoy escribiendo ahora y otra que descubrí. A mi mujer y a mi siempre nos gusto comprar en el aeropuerto de Madrid o de Barcelona la revista Muy interesante. En Israel quise hacer la suscripción pero era una  "misión imposible" y hete aquí que crearon la app para iPad por un precio inclusive mas barato que en los puestos de diarios... e inclusive interactiva. ¡un orgasmo de lectura!
Ahora con el tiempo ese amor comenzó a ser considerado por Claudia como el de una amante. Los celos al pobre " rectángulo negro" la comenzaron a atormentar con sus consecuencia para mi.
Lo solucioné solamente cuando baje la app de la RTVE y le puse un capítulo  anterior de la novela "Amor en tiempos revueltos " mientras cenábamos.
Shoin, se acabaron los celos.
¡Un idilio! Hasta el día anterior al último conflicto con muestros vecinos de Gaza.
Llegamos al geriátrico donde esta mi suegra y abrí mi cartera...
¡ Y...oy bey iz mir....! ¿ Donde está....Socorro? Desapareció, corrí  al trabajo, a casa... ¡ Nada! Ademas de la tristeza por la ruleta rusa de los cohetes de Hamas esa desgracia....
Pase los días de la guerra con doble depresión, inclusive comencé a estudiar que iPad comprar... Hasta que el sábado pasado a las dos de la tarde en la casa de mi hija, donde festejábamos el cumple de nuestra nieta, sonó mi celular...atendí...una voz joven me dijo en hebreo, por supuesto:
-¿ Vd es Daniel Kritz...quizás perdió algo, un iPad...quizás?
-¡ Siiiii, y estoy re-triste por eso!- le conteste.
- Bueno, no se preocupe lo tengo yo, mi madre lo encontró y como no sabía que era me lo dió. Busque sus datos y lo llame. Hoy estoy en casa y puede pasar a buscarlo.
Estuve en estado de shok alegríco durante un rato....no lo podía creer....
Esa nochecita corrimos a comprar una caja de  bombones para la madre y fuimos a buscarlo.
Lior, el muchacho que lo encontró me guió con el celular hasta su casa.
Bajo de su departamento con el iPad bajo el brazo, me lo dió y le entregué la bombonera. En principio no la quiso aceptar, que era una obligación moral devolver lo que no es suyo. Lo convéncí y ahí me contó la historia.
Su mamá lo encontró en el geriátrico, su mama tiene también a la abuela internada. Ahí me di cuenta que se me debe haber caído y no lo percibí.
La guerra me provocó otro poco de dolor. A Lior lo enrolaron y lo llevaron a Gaza, solo el viernes volvió y se ocupó de investigar quien era el dueño y buscarlo. Me dio ganas de abrazarlo y besarlo, me contenté con darle un apretón de manos.
Volviendo en el coche, Claudia me dijo que quizás no tanto la ponía contenta el hecho de haber recuperado la tableta sino haber recuperado la "Emuná" ( confianza ) en la gente. Concordé con ella pero en mi interior mi corazón bailaba de contento.
Tenía que escribir un articulo, no se porque me vino a la cabeza el libro Platero y yo, ahí se me ocurrió el título de este relato...iPad y yo.

domingo, 8 de julio de 2012


Un día de sol
Por Daniel Kritz


Me acuerdo de un día de sol, tan diáfano, trasparente y luminoso que tener los ojos abiertos provocaba dolor. En el cielo brillaba la ausencia de nubes y al azul solo lo cortaba la línea del horizonte.
Fue la primera vez que vi el mar, tenía alrededor de 5 años.
Dejamos el equipaje en el hotel y corrimos a la playa. Papá alquiló una carpa donde prestamente nos cambiamos la ropa del viaje por los trajes de baño. Mi padre se dirigió al agua diciéndome:
-Seguime, Héctor… ¡El agua debe estar deliciosa!
Fui atrás suyo. Ahí percibí el lunar en el talón de su pie izquierdo, redondo, de un color púrpura rojizo, como una herida a punto de cicatrizar.
Nunca antes había visto a mi papá sin pantalón largo y sin medias. El pantalón corto era cosa de chicos o de exploradores con casco de corcho. En aquella época uno se desvestía solo para dormir, para ir al cuarto de baño o en la playa. Mi padre era un hombre muy reservado. Dormía solamente con mi madre y se bañaba solo. Siempre bien vestido, lo máximo que se permitía es ponerse una "robe de chambre" y cambiarse los zapatos por unas pantuflas.
El lunar de mi padre me intrigó, pues yo tengo uno igual, en el mismo lugar.
Me quedé petrificado mirándolo. Papá se dio vuelta interrogándome con la mirada.
-¡El lunar!- Atiné a decirle casi sin voz, apuntándolo con mi mentón.  El sonrió, pensó unos segundos y me dijo:
-¡Dale, vamos…después te cuento!- Corrió y se zambulló en la primera ola que se acercaba a la playa.
Nadaba como un competidor olímpico, tenía un cuerpo muy musculoso, como el de un atleta griego. Algo de eso había, pues mi padre, Antonio Kazan, originalmente Aeneas Kazantzidis, siempre practicó deportes y además emigró de Grecia con su familia en los principios del siglo veinte.
Salimos del agua, me levantó sobre sus hombros para que no me quemara la arena caliente y corrió hasta la carpa dando terribles saltos que me aterrorizaron. .
Nos sentamos, sacudió la arena candente de sus pies y viendo que yo miraba los dos talones, el mío y el suyo, comenzó un relato corto y fascinante.
-Héctor, ese lunar en el talón  también lo tenían mi padre, mi abuelo, mi bisabuelo, mi tatarabuelo y así sucesivamente todos nuestros ancestros.
La tradición de la familia dice que somos descendientes de Aquiles, el héroe griego de la guerra de Troya, que era invulnerable en todo su cuerpo, menos el talón.
El lunar marca su único punto vulnerable, que le permitió a Paris matarlo con una flecha envenenada. No es que seamos invulnerables como lo fue él, pero si conservamos la señal de ese punto, que de acuerdo a la leyenda familiar, es el mas débil de nuestro cuerpo.
Ahí lo interrumpí preguntándole:
-¿Pero papá, que es invulnerable y vulnerable?- Papá me respondió en un lenguaje fácil de comprender a un niño de cinco años:
- El invulnerable es una persona rodeada por un escudo mágico que no permite que ningún arma pueda herirlo, como Superman…y vulnerable, es todo lo contrario… ¿Entendés?
¡Bueno, sos muy chico ahora! Cuando crezcas estudiarás historia y mitología y te enterarás de más detalles de la historia de Aquiles. Ahora, vete a jugar con Zoe. Tu hermanita quiere construir un castillo de arena… Ve,  tajís! (Rápido en griego)
Me fui no muy convencido, quería seguir escuchando mas detalles de la historia. ¡Una leyenda familiar... ser el descendiente de un héroe, un gran guerrero...!
Me fui rezongando, pero después de hacer un hermoso castillo con conchillas como soldados y un gran caracol como rey, me olvidé del asunto. Nunca más lo mencionamos, mi padre ya falleció y ya pasaron más de cincuenta años.
Pensé haberlo olvidado completamente, pero lo recordé ayer.

A la mañana viajaba por la ruta, iba despacio porque había bancos de niebla, pero no así el conductor del camión.  El imprudente venía manejando una masa de varias toneladas a más de cien Km. por hora. En una curva, perdió el control del camión, se fue al lado contrario de la ruta, de contramano. Lo vi salir de la niebla delante mío, como un monstruo a punto de devórarme, tocando insensatamente la bocina.
Solamente recuerdo los ojos desesperados del chofer del camión, el ruido de frenos inútilmente clavados y el olor de sus cintas quemadas.
Me desperté en el hospital.
-¡Tuvo mucha suerte! - Me dijo un medico- ¡Por el estado en que quedó su automóvil, tendría que estar destrozado! Tenía solo una astilla metálica pequeñita clavada en el talón, justo en ese lunar. Sangró un poco cuando la sacamos pera ya paró.
Ni siquiera fue necesario vendarle. Le hicimos un check up completo y no tiene nada, salvo un poco de conmoción que es lo que le provocó el desmayo.
Cuando escuché lo de la astillita y donde estaba clavada, empezaron a rodar en mi cabeza las escenas de aquel día soleado, como cuando pasamos una película a mayor velocidad buscando donde la interrumpimos. De pronto aparecieron las de la historia de Aquiles. Ahí bajó la velocidad del filme, en las escenas de su único punto vulnerable y la tradición familiar de los lunares. Comencé a sudar frío, un dolor agudo me subía del talón. Pensé que podía ser una mezcla de hipocondría y autosugestión.
Levanté la sábana y miré el talón, no podía creerlo. Una línea azul subía desde el lunar por la pantorrilla, ya tenía más de cinco centímetros.
Se la mostré al médico que conversaba conmigo.
-¡No es nada, amigo, es un hematoma del golpe!
Me fijé nuevamente, la línea ya tenía más de ocho centímetros.
El dolor era agudísimo.
Le conté en pocas palabras la historia familiar del punto vulnerable de Aquiles.
Se me rió en la cara y me dijo:
-¡Descanse amigo, unos días y se pondrá bien!
Pasé varias horas de espantosos dolores, la línea creciendo. Los médicos empezaron a preocuparse y se reunieron para discutir mi caso. Nunca habían visto nada igual, ni en la realidad ni en la literatura médica.

Entré en coma... puedo pensar... puedo oír... puedo ver... pero no moverme... ni siquiera parpadear... apenas respiro con dificultad. Los médicos están a mi alrededor y no saben lo que hacer.
El médico que conversó conmigo cuenta a sus colegas la historia que le conté.
Todo se me nubla… ya no escucho...no siento nada...no veo lo que pasa a mi alrededor… solo un resplandor a lo lejos…

-¡Colegas, no se y pienso que ustedes tampoco saben de que falleció este hombre, pero propongo que le denominemos Síndrome de Aquiles!

Beer Sheva 16/6/2011





domingo, 18 de marzo de 2012

No enciendas la luz !

1

No enciendas la luz!

A  pesar de ser amantes por mas de cinco años, Alicia jamás le permitió verla desnuda y el amor lo hacían en la mas completa oscuridad.
Luís, un exitoso abogado rozando los cuarenta, siempre vestía traje y corbata. Su camisa blanca como la nieve , hacía juego con una lujuriosa dentadura que no escatimaba en mostrar. La sonrisa enorme y sensual ,lo acompañaba hasta en los sanguinarios debates sobre las arenas del juzgado, en las cuales pisoteaba argumentos con zapatos italianos.
Los ojos oscuros rodeados por frondosas pestañas, quemaban con su mirar. La piel  tensa envolvía el fuerte pecho de satén, invitando la caricia.
El romance con Alicia, mujer casada de cuarenta y cinco años y madre de dos hijos, comenzó casi sin querer.
Roberto, el marido de Alicia , tenía una cadena de negocios de ropa deportiva con sucursales en Buenos Aires, Punta del Este, Río de Janeiro y Brasilia, por lo que sus viajes eran constantes.Con medio siglo andado, era todavía atlético , peinaba sienes plateadas , su piel lucía abrazada por el sol y era muy seguro de si mismo.
La vida no tenía secretos para él y el éxito en los negocios nublaba su humildad.
Su relación con Alicia, después se veinte años de matrimonio, era de pocas palabras, bien elegidas y correctas, muchos regalos y muchas ausencias .
Alicia, , femenina y altiva, distanciaba a los intrusos. Su cabello azabache brillaba bajo el sol con atrevimiento y sus ojos evitaban las miradas inquisitivas.
Fue aquella noche en el jardín de la embajada de Japón,  festejando  alguna fecha patria, donde todo comenzó.
2

 Quizás, demasiado champán, quizás, la soledad de Alicia  o quizás Luís, con  esa inexplicable necesidad de conquistar, fueron la causa.
Luís la vió y sintió una punzada en el estómago, tomó una copa de champan y se le acercó tenso como un felino frente a su presa.
 Entre los dos, pocas palabras fueron dichas, pocas miradas fueron cambiadas y un acuerdo visceral quedó sellado .
Dejaron la fiesta por separado, cada cual manejó su coche, navegaron uno detrás del otro hasta llegar a un descanso al costado de la ruta,  Luís detuvo su auto y apagó las luces, Alicia estacionó a su lado y empujada por un deseo feroz, se zambulló en el auto de Luís.
Desde aquel episodio y muy a su pesar, Luís era totalmente fiel a esa fogosa mujer.
Le había pedido que abandonase a su marido para casarse con él y a pesar de haber aceptado, habían pasado ocho meses sin que nada hubiera cambiado.
Para Luís era imposible vivir sin la proximidad de Alicia, de la cual se había enamorado locamente, ya no le alcanzaban esas horas robadas, la quería para si, por lo cual decidió enfrentar a Roberto, su marido.
Luís fijó una cita con Roberto en la oficina de su negocio, con la excusa de ser representante de una firma  de ropa deportiva que le podía interesar.
Para su sorpresa, Roberto no se inmutó después de haber escuchado que era el amante de su mujer por cinco años. Lentamente, se tiró atrás en su sillón, juntó las yemas de los dedos de ambas manos y lo miró despectivamente.
-Estimado señor, Luís?- Sé que mi señora esposa despierta antagonismos y que su altivez le ha hecho ganar antipatías, no es la primera vez que alguien quiere hacerme

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daño tratando de herirme y distraerme, para quitarme del medio del mundo de los negocios.
Usted alude haber sido amante de mi mujer por cinco años, por lo cual, sabrá decirme en que se diferencia su cuerpo del resto de las mujeres, tiene un minuto para responder antes de que seguridad lo desaloje.-
Me quedé boquiabierto, mis manos habían recorrido ese cuerpo centímetro por centímetro y podía jurar que no había diferencia alguna.
Me sentí elevado al aire por el gorila de seguridad y aterricé en la vereda.
Roberto, en su sillón, se preguntaba que maldad tienen las personas, ya es la segunda vez que alguien venía con el cuento del amante , sin saber que mi querida Alicia tenía la locura de teñir de rojo el cabello de su pubis !


                                                                                       Analia Ring

sábado, 17 de marzo de 2012

La herencia



La herencia de Antonio Pardés fue absolutamente desproporcional.

Roberto, el hijo menor, recibió solo el 3 %, mientras que Julio, el mayor, el 47 %.

Su viuda, el 50 %, pero como estaba internada en un hospicio, Julio fue nombrado su administrador, disponiendo practicamente del 97 %.

El menor nunca se quejó de la distribución.

Pensó que era lo correcto por ser Julio el primogénito.

Entre otros bienes heredaron una empresa de mas de quinientos empleados, Julio ,el principal accionista, asumió el cargo de director general y Roberto, el de director de operaciones. En la práctica, el burro de trabajo.

Vivían en la majestuosa mansión que había sido de los padres. Situada en el barrio de la elite de la ciudad, en lo alto de la colina,

Julio, con su esposa e hijos, ocupó toda la planta alta y Roberto con su esposa, el pequeño departamento de huéspedes de la planta baja.

Compartían el servicio domestico y la antigua cocinera preparaba las cenas que la mucama les servía en el comedor.

Julio se sentaba a la cabecera de la mesa de caoba construida especialmente para el viejo Pardés. Roberto a su derecha.

El primero solía comentar jocosamente:

-¡ Roberto es mi mano derecha. En los negocios y hasta en las comidas! Y se reía tomando tomando con ambas manos la mesa como si fueran la riendas de un carro !

El aludido bajando la cabeza, esbozaba una tímida sonrisa .

Julio hacia sentirse a Roberto imprescindible. Que el no sería nada sin su ayuda.

De chicos siempre fue igual, los mejores juguetes, la primer bicicleta, las caricias, fueron para el primogénito. El segundo se conformó con los usados.

-¡Probados! -Le decía el hermano- ¡ Te doy los mejores!

El casamiento de Julio fue una fiesta principesca.

Roberto se casó en una cantina.

El padre no estuvo presente.

La novia, embarazada. No precisamente de Roberto.



Roberto hacía imprevistos viajes de negocios enviado por Julio.

Por la noche, casualmente, Julio visitaba a su cuñada.

Pero Roberto admiraba a su hermano, lo tenía en un pedestal, como prócer de plaza.

Nunca dudaba de Julio ni de su amor fraterno.

Este le sonreía y le palmeaba la espalda diciendo:

-¡ Hermanito, hermanito...! y Roberto lo miraba embelesado

Solía pedirle que le cuente de su infancia, Julio le contaba historias prestadas de un pasado alegre.

Cuando la madre murió. Julio como administrador, se adjudico toda la herencia. Roberto comenzó a sospechar del hermano. El pretexto de la primogenitura ya no era válido.

En uno de esos viajes urgentes que Julio le organizaba, dejó irse al tren, tomó un café en un bar de la estación y volvió a medianoche a la casa. Encontró a su esposa acostada con Julio. Su mujer alegó un ataque de pánico.

Julio, sonriendo, le dijo: -¡ Hermanito, creeme, mi presencia la calma!

Roberto se hizo el tonto y fueron todos a dormir.

Al día siguiente, a la vuelta del trabajo, se sentaron a comer, faltaba el hermano menor. Julio no importandole lo que podría haberle pasado, dijo:

-¡Comamos... ya va a venir!

En ese momento sintió los dos caños de la escopeta de caza del padre en su nuca.

Era Roberto que la sostenía con una mano. Con la otra le palmeó la espalda a Julio diciendo en tono irónico:

-¡ Hermanito, hermanito...!- Y siguió irritado.-¡ Es la hora de la verdad!

Julio le pidió permiso para levantarse.

Roberto consintio pero siguió apuntándole.

Julio fue hasta su escritorio.

Abrió un cajón.

Rebuscó un poco y de un doble fondo sacó el diario que escribía el padre.

Lo abrió en una página marcada con una cinta roja.

-¡Tomá, lee aquí !- Le dijo con un brillo en los ojos.

Roberto apoyó el arma en el escritorio.

Leyó el título.

"19 de marzo, 1957"

- Mi cumpleaños- Pensó.

Leyó la primera línea:

-" Hoy nació el hijo de mi esposa con Roberto el jardinero.

¡Que el diablo lo mantenga es su seno! Del bastardo, ya nos ocuparemos"



Beer Sheva, 15 de marzo de 2012

Daniel Kritz

lunes, 20 de febrero de 2012

Ser o no ser……..

Nadie se ausentaba a la reunión de planificación y estrategia de trabajo para el nuevo año.
 Bueno, mas que una reunión, era una maratón de presentaciones , que comenzaba con la persona de más alto rango con media hora de planes y estadísticas  y descendía  en minutos  y rango hasta aquellos que eran  solamente nombrados
La reunión incluía almuerzo y café, cuya calidad variaba según las  ganancias de la empresa ,la importancia que se le otorgaba a cada sección y  lo que el gerente de turno quería transmitir a sus subordinados.
 Hubieron años en los cuales almorzamos sándwiches y otros en los que el ágape fue estruendoso.
Inclusive, alrededor de la mesa que albergaba treinta personas a su alrededor, habían leyes no escritas .Los gerentes se acomodaban  todos juntos a la cabecera, a su alrededor los subgerentes y el resto,( que me incluía) a codazos disimulados procuraba lo mas cercano al olimpo.
Hacía ya tres años que trabajaba en esa firma de construcción como ingeniero y a los treinta y dos años, había llegado mi hora de lanzamiento, demorar el acenso sería fatal para mi carrera.
 Vestido de traje y corbata, con el cabello bien cortado y los zapatos relucientes, aproveché el escaso tiempo dispensado a mi presentación, para mostrarme asertivo, energético y sonriente, rebosante de planes e impaciente por ponerlos en práctica.
A parecer había tenido éxito ya que los aplausos al finalizar fueron sonoros y uno de los gerentes más antiguos me invitó a acercarme a él.

2

Hinchando el pecho y cerrando el botón de mi chaqueta, me apresuré a complacerlo conteniendo una sonrisa. Sentí que por fin lo había logrado y mi futuro irrumpía como el amanecer.
El Gerente estrechó mi mano y  felicitándome y señaló una silla a su lado. Halagado, me senté sin imaginar  lo que me esperaba. El acercó su rostro al mío, colocó su mano sobre mi pierna y murmuró a mi oído: " el cielo será el límite para usted, buen mozo" 

                                                                                                                                                                                                                                                      Analia Ring

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sábado, 11 de febrero de 2012

El cuarto de huéspedes





Aquellos inolvidables días en la casa de mis abuelos eran como viajar al ª País de las maravillas, solo faltaba el "Sombrero loco" sirviendo el te.

Estaba ubicada en General Belgrano, un pueblo cercano a Bs. As, solo 162 Km. pero lejos para trabajar todos los días . Alquilándola el abuelo evitó levantarse todos los días a las 4 de la mañana para ir a atender a sus clientes. ¡Y sus nietos ganamos un edén de aventuras!

Nosotros, chicos de la ciudad, acostumbrados a departamentos de dos dormitorios, sala y comedor, llegábamos a la casona con la hilera de piezas en galería, el infaltable jardín y un montón de recovecos para investigar.
En el principio fue la gran casa de un estanciero que ocupaba toda una esquina. Luego, a su muerte, fue dividida en dos partes. Una la alquiló Don Vicente, el sastre de la esquina y la otra mi abuelo.
Tenía un gran galpón en el fondo con un coche herrumbrado de los años veinte y otras maravillas que el estanciero había dejado. En su entrada había un altillo de tablas podridas, al que subíamos por una escalera bamboleante a buscar tesoros escondidos. Al lado había un gallinero y debajo del comedor, un sótano misterioso, al que nos atrevimos solamente a atisbar un poquito con la linterna del abuelo. Levantábamos unos pocos centímetros la puerta en el piso como si se tratara de la entrada al mismísimo Averno.
En el reino de mi abuela, había una cocina de hierro de esas alimentadas a leña, que aún conservaba cenizas de su antiguo uso. Nos daba la sensación de que Búfalo Bill podría entrar por la puerta en cualquier momento. La "moderna" funcionaba con querosén, la heladera con hielo y por las tardes mi abuelo sintonizaba el noticiero y los Peres García en una radio enorme tipo capilla.
Afuera, al lado del perejil, había un aparato misterioso, la bomba, que traía agua desde las profundidades y en el fondo de la casa un gran tanque de agua de lluvia con el que mi bisabuela, la "Bobe Leie", se lavaba el cabello de su eterno rodete abierto en una mata gris de un metro y medio.
Pero uno de los lugares mas misteriosos era el cuarto de huéspedes.
En ese cuarto nunca me gustó estar solo, tenía una cama de matrimonio, dos camas de una plaza y el objeto de mis terrores… " El cuadro":
Un retrato de alguien que ni siquiera era pariente de la familia, sería algún pariente del estanciero. Solo entrar al cuarto y este sujeto te clavaba una mirada penetrante. No importaba hacia adonde uno se moviese que la mirada siempre te perseguía, de frente, independientemente del ángulo que lo mirases.
Inclusive de espaldas se sentía el ardor de sus ojos en la nuca.
Ahí dormían algunos de los mis tíos y tres o cuatro primos, repartidos en las otras camas. Nunca íbamos a dormir solos, siempre esperábamos a alguno de los mayores, no sea que el pariente del estanciero bajara del cuadro y nos llevara a no se donde.
Gracias a dios al apagar la luz, se apagaba también la penetrante mirada.
En las frías noches de invierno mi abuelo llevaba una estufa a presión de querosén, la única que tenía, de pieza en pieza para calentarlas un poco. Éramos muy compinches con mi abuelo y por eso me dejaba acompañarlo en ese menester de caldear un poco las habitaciones.
Una noche nos acercamos al mencionado cuarto, mi abuelo con la estufa encendida, enorme, bufando con el ruido de las llamas azules de sus seis velas.
Yo le seguía con la botella de querosén para agregar por si hacía falta.
El [1]Seide me pidió que entre primero:
[2]Ingale, "queride", abrí la puerta y prendé la luz!
Mientras me mi abuelo esperaba cargado, sudando tanto por el peso como por el calor que irradiaba su carga. Me negué rotundamente.
 -¡No, Seide, yo solo ahí... no entro...y menos a prender la luz!
El Seide dejó la estufa en suelo y me preguntó:
-¿Y porque... se "poide" saber?
-¡Por que está "ese hombre", Seide! Le dije refriéndome al ñato del cuadro.
 -¡Pero estás [3]meshiguene,  ingale... no entró nadie! Me dijo mi abuelito volviendo a levantar la estufa, cada vez mas pesada para un abuelo.
-¡El tipo del cuadro, seide... te mira fijo, te agarra con los ojos y no te suelta!
[4]Oy, vey...lo único que falta!-Mi abuelo volvió a dejar la estufa en el suelo, me pidió la botella y le agregó combustible, mientras tanto me preguntó:
-¿[5]Nu...que tiene si mira...? ¡No es de [6]fleish, es un cuadre! –El Seide volvió a levantar la estufa y a pedirme: ¡[7]Veiz mir...Ingale...entrá, y prende la luz que estoy que reviento...!
Ahí tome coraje, y le dije aprovechando mi ventaja de que el seide ya no daba más:
-Seide, yo entro...prendo la luz... ¡Pero solo si me prometés algo!
Mi abuelo, que realmente ya estaba cansado del ejercicio "estufalario" preguntó:
-¿Y se "poide" saber que "algo"?-Triunfante le dije:
-¡Que sacas ese cuadro, lo tiras a la basura o lo regalás,  el asunto es que no nos mire mas con esos ojos terribles...!- El Seide me miró con esa cara bonachona que tenía, volvió a poner la estufa en el suelo...entró a la pieza...prendió la luz... subió a la cama...descolgó el cuadro y se lo puso debajo el brazo. Después me llamó con estas palabras:
[8]Shoin, ingale...se acabaron tus [9]Tzures…podes entrar!
El Seide volvió a salir, levantó la estufa, la entró y le dio unas cuantas bombeadas para que caliente mas. Y para que yo me sienta bien me dejo también a mí que bombease un poco...
El cuadro nunca mas lo volví a ver, en su lugar el seide puso una hoja de los [10]Almanaques de Alpargatas  de Molina Campos con  la imagen de un gaucho "jetudo", montando un caballo bravo.
Daniel Kritz, Beer Sheva, 7 de febrero de 2012

ªPaís de las maravillas: Referencia al libro Alicia en el Pais de las maravillas de Lewis Carrol. El sombrero loco
es uno de sus personajes principales.


Palabras en idish:
[1] Seide: Abuelito.
[2]Ingale: Nene
[3] Meshiguene: Loco.
[4] Oy, vey: Oh, Dios.
[5] ¿Nu?:¿Y...?
[6] Fleish: Carne.
[7] Veiz mir: Dios Mío.
[8]Shoin: Esta listo, basta.
[9] Tzures: Problemas

[10] Almanaques de Alpargatas: Famosos almanaques de propaganda de la firma Alpargatas ilustrados por Florencio Molina Campos en los años 30 del sigloXX. 


lunes, 23 de enero de 2012

¿Donde lo perdi?



Sabía de memoria cada vidriera, edificio y café en el tramo desde mi casa hasta el autobús. Nunca perdí la oportunidad de mirar mi reflejo en los escaparates al pasar.
Todo cambio aquel funesto día en que la farmacia vecina, decidió exponer espejos para maquillaje, en su vidriera.
Curiosa, me acerque para ver el reflejo de mi rostro aumentado. Sentí vértigo ante la imagen reflejada y con una rápida mano, me cubrí los ojos. Con la esperanza de haber visto mal, volví a mirar el espejo para corroborar mi equivocación. Esa guillotina me devolvió la imagen del rostro cansado de una mujer de mediana edad.
¿ Donde está mi rostro de piel tensa, ojos abiertos y mandíbula filosa?
¿Cuando me distraje sin darme cuenta de que mi cuerpo estaba olvidando la fórmula de la juventud?
Comencé a buscar entre las moléculas más recónditas de mí ser aquella que posea un detonador para disparar el antídoto a la vejez.
Me asusté cada vez que me miraba en el espejo y volvía a notar los pequeños e implacables cambios, no encontré resignación. Una eterna tristeza se apodero de mí, sentí que mi vida había comenzado un camino sin retorno y sin gloria.
Comencé a maquillarme cada vez más y a interesarme en cirugía plástica.
Mi marido, otra vez dormido en el sillón después de la cena, me hacia sentir la persona mas sola e indeseable del mundo.
Al mirarlo, se me hacia mas cercana la sonrisa del joven dueño de la farmacia
Analia Ring


domingo, 22 de enero de 2012

Microcuento


El brujo
Me llaman el brujo porque tengo el poder de ver el alma de las personas escapando de sus cuerpos.
Sufro mucho porque al poco tiempo se mueren.
Hoy me miré al espejo al lavarme las manos. El reflejo de mi alma me sonrió por encima de mi cabeza.
Ya no sufriré más....