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martes, 21 de abril de 2015



  Un viejo lindo cuento del 2013:


                        Gafas o “gaffes”? 
      
-¡Ramonaaa!
-¿Y ahora que, Gervasio?
-¿Viste mis gafas? ¡Seguro que las desgraciadas tienen patitas!
- ¡Tus gafas no las vi, pero tus  “gaffes” las veo a menudo!

-¡No me jodas, Ramona, me tengo que afeitar y no veo ni la punta de la nariz!
-¡También con semejante narigón!. Me parece que las dejaste arriba del televisor.
-¡Gracias querida! ¿Que sería mi vida sin ti?
-¡La tuya no sé, pero la mía algo cercano al paraíso!
Gervasio, se terminó de afeitar, salió con la cara media enjabonada y apoyó sus lentes en una estantería al lado de la puerta del baño.
Entró nuevamente y se duchó.
Unos minutos después sonó la campanilla de la puerta de entrada.
Gervasiooo! ¡Por favor atendé, que se me corta la crema!
-¡Voy, Ramona¡ Dijo el marido saliendo del cuarto de baño en camiseta y envuelto con un toallón de cintura para abajo.
Abrió, era  el cartero que le entregó una carta certificada y le pidió que firmara el recibo.
-¡Ramonaaa!!
-¿Otra vez, y ahora… Gervasio?
-¿Viste mis “quevedos”? le respondió.
-¡Me parece que ni siquiera son “queveuno”, cabeza de chorlito, piensa un poco, hombre!- Ramona le contestó socarronamente sin dejar de batir la crema.
Gervasio, medio ciego,  tomó el recibo,  lo apoyó sobre el marco de la puerta  y firmó como pudo donde el cartero le indicó con el dedo.
Cerró la puerta, apartó el sobre a más de medio metro y leyó con gran esfuerzo el nombre del destinatario de la carta.  Estaba escrita Ramona  con letras grandes en una cuidadosa caligrafía. Se puso pálido, el sobre cayó de sus manos.
Pensó: “Mi mujer nunca recibe cartas”.
La adrenalina le hizo recordar que se había sacado los lentes antes de bañarse para que no se empañen con el vapor de la ducha y que los había apoyado en el estante al lado del baño. Corrió hasta ahi, los tomó, se los puso apresuradamente  y comenzó a leer la carta.
" Ramona, paixón da miña vida:
 ¡Desde aquel dia en que la providencia cruzó nuestros caminos no veo la hora de volver a  verte,  para  volver a  abrazarte y comerte a besos!
 Seu,
Manolo el portero do edificio de  enfrente"
- ¡Miserable, cuarenta años de matrimonio y me engañas con el portero! Gritó y salió corriendo en dirección a la cocina vestido solo con la camiseta. El toallón se le había caído en medio del ataque de histeria.
Ramona sin parar de batir, no fuera que se le cortase la crema chantillí, lo miró con los ojos grandes como huevos diciéndole.
-¿Y ahora de que se trata Gervasio? ¡Y a ver si te tapas el culo, no sea que se resfríe y comience a estornudar!
El marido sacó un gran cuchillo de cocina mientras le gritaba.
-¿ Que te mato infiel!
Ramona no perdiendo la tranquilidad, batiendo su chantillí, le preguntó
-¿A quien está dirigida la carta?
-¡A vos, desgraciada! Le respondio acercándose amenazadoramente con el cuchillo.
-¿ Y tenías puesto las”gafas”? . Lo paró con el batidor de mano
-¡Estee...no...! Le respondió dudando.
-¡Anda, trae el sobre y leélo con los “quevedos”. Le ordenó Ramona.
Gervasio se enrrolló la toalla otra vez y lo fue a buscar dejando el cuchillo sobre la mesa.
Volvió leyendo en vos alta:
- ¡Ramona!- leyó con seguridad y prosiguió  - no hay apellido... mas abajo en letras mas pequeñas: Calle Camelias 254 –ahí se detuvo empalideciendo otra ves y siguió-” para mi amor” del cuarto B...
-¿ Y donde vivimos Rey de las “gaffes” ,? le respondió la mujer apuntandole la nariz con el batidor de alambre.
-¡Camelias 254, Segundo A...!- le respondió constrangido. Quedó unos segundos en silencio, luego le pidió con voz melosa - ¿Ramoncita...cielo... me perdonás?  

Daniel Kritz, 12 de mayo de 2013