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jueves, 14 de noviembre de 2013

Reunión en la biblioteca

(Cuento consigna para el taller La búsqueda)
La biblioteca está iluminada por la luz que llega del cuarto del niño.
Se escucha un murmullo que viene de uno de los estantes.
Viene de la reunión que se está realizando en la página 113 del tomo IX de la Enciclopedia Universal.
Están presentes todas las letras de esa hoja y representantes de las otras.
En la cabecera de la página se encuentran una letra A mayúscula con dos B como vicepresidentes presidiendo la asamblea.
El tema que se discute es si el mundo tiene solo dos dimensiones o tres como lo sugiere una G aventurera.
Defendiendo la idea conservadora habla una Ñ:
-Nuestro mundo es chato y liso, es uno de los planetas  planos pertenecientes a la galaxia del libro.
Y no existen pruebas fehacientes que justifiquen lo contrario-
-¿Pero usted nunca se dignó ver la imagen  que ilustra en esta hoja? Le dice la G en tono alterado.
- Es solo una mancha de varios tonos, ¡no nos dice nada! Responde la Ñ despectivamente.
-¡Parece que esa tilde lo enceguece, amiga Ñ! Se ve que es un paisaje en tres dimensiones. Las imágenes que se ven son desconocidas para nosotros pero de una belleza deslumbrante!
-¡Deje de inventar estupideces, el mundo es y será siempre plano! Lo interrumpe la A en su condición de presidente, y prosigue - es mejor que se retracte pues no veremos obligados a denunciarlo a la Santa Inquisición de La Letras.
-¡No, yo lo he visto... Y no me retracto...inclusive he visto al dios gigante que mueve nuestros planetas cuando termina la noche y comienza la luz del día...!
-¡Sacrilegio! Gritan al unísono la A, las dos B y la Ñ acompañados por el resto de la asamblea.
-¿No leyeron sobre la geometría de Euclides en el tomo VI?- Intenta defenderse la G.
-¡Llamen a los guardias ordena la A!
-Está bien...señores de la docta asamblea... ...me retracto -Dice la G pidiendo clemencia...
Y agrega en un susurro:
¡Eppur io ho visto! ¹-


¹'Sin embargo lo he visto (Italiano)


viernes, 8 de noviembre de 2013

La insoportable levedad.

                «En la vida, todo lo que elegimos por su levedad no tarda en revelar su
              propio peso insoportable.»
              Italo Calvino, hablando sobre La insoportable levedad del ser    de Milos
              Kundera.

Todos lo conocen por el:
¡Tranquilo...Venancio!
Un hombre atildado, comedido y siempre bien vestido.
De saco y corbata los 365 días del año
La única displicencia que se permite es vestir camisa de mangas cortas en los días en que el bochorno agobia.
Uñas de visita a la manicura.
Una imagen de aplomo impecable que nada en el mundo  la podrá perturbar
Pero la realidad es otra.
Venancio en su interior tiene una batería.
Como la aplicación del celular, que a pesar de ser todas rectangulares, nos muestra una pila redonda, llenándose de a poquito  con un líquido verde.
Venancio aparentemente no reacciona, pero las pequeñas broncas se acumulan en su batería.
Hoy su gerente lo llamó a su oficina:
- Venancio ¿qué pasa? Rodríguez consiguió un aumento de sus ventas en su sección del 15%. La suya inclusive cayó en un 5%.
 Le sonrió y le contesto:
-No se preocupe, señor trataremos de solucionarlo inmediatamente
Y su otro yo pensó lo que realmente quisiera decirle:
-¡Pero pedazo de boludo, Rodríguez vende alimentos, y yo electrodomésticos...! ¿Quién come heladeras con esta crisis?
La bronca va a la batería verde.
Antes de llegar a casa un tipo con un Peugeot rojo, lo pasó por la derecha y lo cerró para doblar a la izquierda en el semáforo.
Estaba en rojo. Venancio paró a su lado y le sonrió, mientras pensaba:
- ¡Si tuviese un mionca te aplasto como a una cucaracha! El verde sube....
Al llegar a casa  la entrada a su garaje estaba bloqueada por el coche de su vecino... piensa:
¡Siempre lo mismo, que carajo le cuesta estacionar medio metro mas atrás!
Con paso cansino fue a la puerta de Antonio, tocó el timbre y cuando salió le dijo
- Don Antonio, ¿podría correr un poquito su automóvil, por favor?
-¡Uf, que hinchabolas, Venancio! Contestó el vecino saliendo a desgano.
Venancio lo siguió  sonriendo imaginando como le deshace el cráneo con el crique del auto.
El verde subiendo, subiendo.
Salió del garaje y fue al almacén del barrio  para comprar un litro de leche. Al pagar solo tenía un billete de doscientos.
La cajera le puso cara de culo y le dijo: ¡compre en otra parte! ¿Que se piensa,  le voy a dar  todo el  cambio que tengo?
Venancio le sonrió  y volvió  al auto donde encontró un billete de diez.
- Aquí tiene señorita, sírvase por favor. Le entregó el dinero con una sonrisa...pensando:
- ¡Podes enrollar este billetito y metértelo en el orto!
El verde subiendo, subiendo...
Cuando entró a casa, vio a su hijo salir del baño, le dio un beso y entró el.
Levantó la tabla cuidadosamente, hizo su pipí  sin haber visto que el nene la había dejado toda goteada.
Su mujer viene, le gruñe un saludo y mira adentro del baño.
-¡ Ya measte la tabla otra vez, Venancio, te la voy a atar!
Quiere reaccionar diciendo que no fue el, señalando al chico que se esta escondiendo en el cuarto.
Venancio quisiera decirle:
¡Fue ese pendejo de mierda!
Comedidamente le dice:
- Me parece que Marquitos hizo pipí sin mirar, querida.
- Dale, encima le echas la culpa al nene ¿no te da vergüenza? Andá, prepará la cena que me estoy pintando las uñas.
El verde de la pila se acerca al positivo...
Se lava las manos... se saca el saco... lo cuelga en el ropero... se arremanga... se pone un delantal y finalmente se pone a cocinar.
En ese instante suena su celular. Es su gerente:
- Hola, Venancio vea el file que le mandé en un
 e-Mail. Es su informe de hoy, por favor revíselo íntegro y tráigamelo  para mañana.
Venancio, cierra los ojos y paladea una respuesta
- ¡Pero sorete, no se da cuenta que ya salí de la oficina, que carajo se cree! 
Sonriendo, aunque el jefe no lo ve responde:
De acuerdo señor, mañana por la mañana estará todo listo... Si...si...no se preocupe....que tenga muy buenas noches....y  su mente continua: ¡ y no se olvide de irse a la mismísima puta madre que lo reparió !
Termina de cocinar, prepara la mesa y llama a la familia.
Intenta conversar con su hijo pero el nene viene con su iPod y no le da pelota, la nena llega hablando con el celular así que ni siquiera intenta. Su mujer llega del dormitorio y se sienta soplándose las uñas.
Comienzan a comer.
La mujer da un bocado y grita:
-¡Pero esta bazofia no tiene nada de sal!
 La pila explota, Venancio se pone todo verde de furia, agarra el salero con  rabia  y se lo tira por  la cabeza.
La mujer que tiene  la costumbre de balancearse sobre las patas de la silla, lo recibe en la frente y se cae para atrás.
Se quiebra la nuca al golpear en el mármol de la mesada.
Como una marioneta de trapo sigue cayendo lentamente hasta quedar desparramada en el suelo
Venancio se levanta y se acerca.
-¡ Pero le puse sal, querida!

En el juzgado, con una mirada de ciego hacia un costado, solo atina a balbucear:
- Pero le puse sal... Le puse sal...le puse sal..

El juez sentenció  homicidio involuntario y ordeno internarlo en un hospital psiquiátrico.

En la sección policial del diario salió el titular:
¡Mató a su mujer de un salerazo y el juez lo mandó al psiquiátrico
En un bar alguien lee la noticia a sus amigos.
Otro parafraseando a Kundera la comenta:
- Es insoportable la levedad de los jueces para juzgar a un asesino







domingo, 3 de noviembre de 2013

El ojo



Nunca voy olvidar a Sulemain a pesar del poco tiempo que estuvimos juntos.
Y no precisamente por su nombre árabe, sino por su ojo de vidrio.
No duraba mucho en ninguna escuela. Tampoco en ningún pueblo.
Su familia era el sinónimo familiar del judío errante. Vagaban por el país y cuentan que habían emigrado de Brasil.
Se sentaba en el último banco de la clase, uno que estaba roto y solo podía ocuparlo un alumno.
Además miraba la pared cuando el maestro no hablaba.
Pero no lo pudo evitar, alguien siempre al final miraba su ojo celeste, el de vidrio.
El sano era verde pero se ve que los padres re pobres, lo habían comprado en una tienda de antigüedades del gran bazar de Estambul. 
El ojo hipnótico atraía tu mirada como un imán, una vez que lo mirabas no podías sacarle la vista de encima.
Ahí comienza la historia, bastaba un segundo, un instante y lo veías todo, absolutamente todo.
Toda la historia y todo el futuro, todos los puntos en un punto, simultáneamente en el celeste de su ojo.
Veías tu vida y todas las vidas de los otros.
Pero tu propia muerte era el desencadenante crítico de tu huida despavorida y tu negativa a volver al aula.
Sikorsky, el otro judío de mi clase, aficionado a las ciencias ocultas, leyó en un libro de nigromancia la historia de un mago del siglo XIII que poseía un ojo con esas características.
Es muy posible que la prótesis ocular de este brujo en vivió en Izmir,   haya rodado de ojo en ojo hasta la tienda de Estambul. 
Al principio lo cambiaron de clase, pero al final el papá de Sulemain, un turco vendedor de baratijas lo vino a buscar y nunca más lo vimos.
Dicen que Rodríguez cuando estudiaba para el ingreso a la universidad, vio a Borges en La perla del once. Venciendo su timidez lo fue a saludar. Entre otros asuntos que charló con el viejo, le conto la historia del ojo del turquito.
En 1949 el escritor publicó El Aleph. 


David Deka, diciembre de 1940

domingo, 6 de octubre de 2013

La casa de los bichos


El sujeto estaba vestido como Dick Tracy, si es que alguno de ustedes es tan jovato como para haberlo oído nombrar. Dick era un detective privado  de los años treinta.
Estaba envuelto con un impermeable y con un sombrero encajado hasta las cejas.
Los ojos ocultos detrás de un par de anteojos oscuros.
Subió a mi taxi, y mientras se acomodaba le pregunté si quería que prenda la calefacción. Lo vi tan emponchado que supuse que tenía frio.
Mientras tanto lo miré por el retrovisor y ahí me di cuenta que era un sujeto extraño.
El tono de su piel, algo entre verdoso y gris...parecía enfermo o muerto de hambre.
Me dije no juzgues a tus pasajeros y hace tu trabajo de transportar gente de un punto a otro de la ciudad.
Con una voz cansina me dio una dirección en Villa del Parque, bastante lejos de donde estábamos.
Buena ganancia, pensé y le pregunté:
-Maestro ¿Quiere que baje la banderita o arreglamos el precio? - No - me contestó parcamente en una vos tan baja que casi no le escuché.
Prendí la radio y le pregunté si le molestaba.
Ni se dignó a contestar,  lo cual interpreté como una afirmación.
Después de los casi cuarenta minutos llegamos al destino, ahí me di cuenta adonde había viajado.
Al " Palacio de los bichos", como así llamaban a esta casa  del barrio Villa del Parque  por las gárgolas que originalmente la decoraban.
Me acordé de la leyenda.
 La casa que había construido un aristócrata italiano para su hija y a su yerno como regalo de bodas.
 Luego del festejo, la pareja partió a su luna de miel. A minutos de salir, el coche que llevaba a los novios fue atropellado por el tren y ambos perdieron la vida al instante.
Desde ese entonces, la casa fue cerrada y los habitantes del barrio se encargaron de hacer rodar diversas historias de los fantasmas de la pareja que la habitaban.
Volviendo a la realidad le dije.
- Llegamos don, son 30 con 40...
- No tengo dinero...
- ¿Y porque subió al taxi si no lo puede pagar?
- Tengo que llegar antes de la media noche a casa.
- ¡Y a mi que me importa, lo traje, ahora quiero la guita.
- Mire, yo soy Ángel Lemos- me dijo sacándose el sombrero y los anteojos- Lucía me espera- agregó.
El color gris verdoso era el de su calavera.
Ahí recordé un poco mas de la historia.
La hija del tano rico se llamaba Lucía y el novio era el famoso violinista Ángel Lemos.
Comencé a tragar saliva y a transpirar.
Dejé de mirar el espejito y mire hacia el frente.
Queriendo convencerme de no era real, pensé.
- ¡Puta lo que se inventa  la gente para no pagar treinta mangos!-
De pronto sentí frío en la nuca, no me atreví a mirar.
Gotas frías de sudor me empapaban el cuello de la camisa y la espalda.
Un silencio pesaba me envolvía, solo escuchaba el ronroneo del motor. No recordaba si yo había apagado la radio o si se apagó sola.
Pasaron unos minutos hasta que me atreví a darme vuelta.
Cuando lo hice, vi la puerta abierta y vi algo en el asiento.
Era un anillo de matrimonio...
Lo tomé y prendí la luz interior.
En el lado interior se podía leer a pesar de estar muy gastado.

"Con amor de Ángel a Lucía"


domingo, 25 de agosto de 2013

Un viejo relato

¿Leyeron Mila 18 ?
Hace unos cincuenta años estábamos en un pic-nic de beneficencia en los jardines del  " Hogar Israelita para ancianos", comúnmente conocido como el Asilo de Burzaco.
Yo había ido con mis padres, también vinieron el tío de mi mamá, Isaac con su esposa, la tía Esther, y una pareja de amigos de los tíos, cuyos nombres no consigo recordar.
Hasta las cuatro de la tarde fue una velada agradable, después del almuerzo, a eso de las tres y media, pasamos a "la hora del mate con biscochitos". (Beber mate, una infusión típica en Argentina, Uruguay y Paraguay, que es imprescindible en toda reunión familiar o de amigos). Se conversó de varios temas triviales, hasta que llegamos al típico:
-¿Leyeron...?
Y ahí mencionaron el último libro de moda del momento que habían leído.
Estábamos en 1962,  hacia poco que había salido la versión en español de Mila 18, de León Uris. Libro que tenía por título, el nombre de  la calle donde estuvo la comandancia de la resistencia judía del Gheto de Varsovia.
Uris había hecho un buen trabajo de investigación y relataba los hechos por medio de una novela histórica.
La pregunta de mi madre fue justo esa:
-¿Leyeron Mila 18 ?- Me puso muy orgulloso el nivel cultural de mamá, además yo también lo había leído, ¡prácticamente devorado! Por eso esperaba las respuestas con ansiedad.
Algunos de los presentes contestaron afirmativamente e incluso opinaron sobre el libro.
Cuando hubo un instante de silencio, tomo la palabra la amiga de los tíos de mamá, una mujer de aspecto sufrido, de unos cuarenta, cuarenta y cinco años. A su marido, que callaba a su lado, se le ensombreció la mirada.
-Yo les puedo contar algo que nos es novela, como la de León Uris… ¡Lo hemos vivido en carne propia!- Por supuesto que aceptamos y ahí comenzó su relato:
-Hasta la segunda guerra mundial, vivíamos en Varsovia. Después, por la persecución nazi huimos a un pueblito de las afueras. Y cuando sus hordas llegaron ahí, nos escapamos a los bosques.
Teníamos una bebita de pocos meses, fue una odisea sobrevivir, sobre todo con una criatura. Al final, para aunar fuerzas, nos juntamos a otras dos parejas sin hijos que también huían. Éramos un ejercito de seis desesperados y una bebita. De día nos escondíamos, de noche continuábamos huyendo.
Inclusive estuvimos un tiempo con los partisanos polacos. Muchos de ellos odiaban tanto a los judíos como a los alemanes. Ademas, su principal arma de defensa era el estar en continuo movimiento. Por eso tuvimos que separarnos, pues no podíamos soportar ni su ritmo ni los insultos ni las  acusaciones de ser los culpables de todo la desgracia polaca.
El cerco nazi se iba estrechando, y eran muchos los lugareños que delataban a los fugitivos judíos, algunos por el propio odio que le tenían, otros por el temor a la Gestapo.
Finalmente después de muchas peripecias llegamos a una aldea, mi marido se acercó a una panadería a pedir un poco de pan viejo ¡el hambre podía mas que el miedo!
El panadero, que era un buen cristiano, se dio cuenta de la situación por la gran cantidad de pan que llevaba ¡Era demasiado para una sola persona!
Le preguntó, si estaba huyendo y cuantos éramos. No se por que, pero mi esposo confió en el y le contó todo. El buen hombre se ofreció a escondernos en un sótano que tenía. Además le dijo que nos apresuremos pues sabía de buena fuente que los alemanes se acercaban con rapidez. Se lo había contado el policía del pueblo cuando vino a comprar pan -
La amiga de los tíos paró unos segundos para juntar fuerzas para proseguir. A esta altura del relato, estábamos todos atrapados por la historia. Nuestro silencio enmarcaba sus palabras y el ruido de fondo de la otra gente a nuestro alrededor, parecía el de una película, que solo realza la voz de la protagonista. La mujer continuó con su historia.
- Bajamos todos por una puerta trampa que estaba debajo del mostrador, estaba muy oscuro y la única luz que había, era la que se filtraba entre las tablas del piso.
La altura del sótano no llegaba al metro y medio, no podíamos estar parados. Cuando nuestros ojos se acostumbraron a la penumbra vimos que tenía unos dos metros y medio de largo por uno y treinta centímetros de ancho. Si queríamos acostarnos, solo por turnos.
El panadero estaba en lo cierto, pues pronto pasó una patrulla alemana revisando todas las casas.
Nos callamos con un silencio de tumba ...¡y por suerte la beba dormía!
Cuando los soldados se fueron, el panadero nos trajo una olla de sopa, que fue la primera comida caliente en muchos días. El hombre nos dio una única cuchara con la cual comimos todos, sin asco ni temor a contagiarnos de dos compañeros de fuga que estaban enfermos de tifus. Hasta ese momento parecía que Dios nos protegía e inmunizaba de cualquier mal.
- Nuevamente la señora paró unos instantes y respiró hondo. El marido seguía callado y tenía la mirada perdida en el pasado. La mujer, con lágrimas en los ojos, continuó.
- Pasaron algunos días y el santo hombre, nos daba el pan viejo del día y la olla de sopa, que a pesar de su pobreza no olvidaba de traernos junto con las noticias del día que le traían los clientes. Los  compañeros enfermos no se curaban pero igual seguíamos comiendo con la misma cuchara.
Un triste día llegó de improviso un gran contingente de nazis, el ruido de las motos, de los camiones, del griterío y del taconeo de las botas, era ensordecedor. Comenzaron a revisar todo, hasta el último rincón ¡El panadero patió el suelo tres veces! Era la señal convenida para avisarnos que entraban los soldados-
En esta parte del relato, el marido se alejo y ella bajo la voz, como si le costara relatar lo que seguía. Todos nos acercamos en círculo para poder escucharla mejor. Ella continuó con un hilo de voz entrecortado.
- Justo en ese momento nuestra hijita comenzó a llorar ¡ A pesar de la poca fuerza que tenía por la mala leche con que la amamantaba, hacía un ruido infernal... intenté calmarla pero no lo logré...nos iba delatar...!- Aquí se le hizo un nudo en la garganta, Las lagrimas la atragantaban... al final continuó:
¡Los nazis se fueron ...nuestra hijita ya no estaba mas!

Daniel Kritz, 27 de enero de2011








jueves, 15 de agosto de 2013

SABADO A LA MAÑANA


Me levanto temprano, suelto los perros al patio, enciendo la maquina de cafe expreso y hago algunas tostadas.
Baffy me mira desde la puerta de la sala con esos ojos grandotes, obscuros, brillantes como las aceitunas negras en aceite y unos pequeños reflejos blancos en las pupilas.
La gorda es como una canción de Los Beatles... 
"all you need is love"
"todo lo que tu necesitas es amor".
El olor del café y de la tostadas inunda la la casa.
Preparo dos tazas del expreso con espuma de leche, las pongo en una bandeja junto a las tostadas, manteca y mermelada.
Salgo al jardín y arreglo la mesa del desayuno debajo de la glorieta.
Llamo a mi mujer:
-¡Vieja levantate... se enfría el café!
Me siento y observo en cámara lenta a mi alrededor.
Trato de beber cada detalle
La pareja de pájaros negros como azabache viene a visitarnos y pasea por la grama picoteando con sus picos amarillos una melodía silvestre...
Los rosales están floreciendo pimpollitos como frutillas.

Es mi pequeño paraíso particular.

jueves, 1 de agosto de 2013

Colecciones



Hay gente que colecciona estampillas, otros monedas, algunos muy ricos coleccionan caballos de pedigree.
Mi amigo Miguel junta jarritas de cerveza. En cada viaje trae por lo menos una.
Pero yo colecciono algo mas simple y barato, colecciono rostros.
Cuando espero en la consulta de un medico, en una estación de tren o la parada de algún 
ómnibus, observo a la gente.
Siempre hay una cara muy singular. La observo detenidamente, la describo y la guardo en la memoria. Tengo una lista, solo escribo la fecha y una pequeña descripción. 25 de junio de 2010 la cara de vaca...13 de agosto de 2011 la cara de sifonero, etc.
La cara que mas me impresionó fue la de aquel hombre del ómnibus ...
Pensé para agregar a mi lista : 6 de noviembre de 2012 la cara de muerte..
Tres paradas mas adelante apretó la campanilla y bajó.
Mientras bajaban otros pasajeros el hombre cruzo la avenida por delante del ómnibus.
Escuché el chirriar de los frenos y los gritos de la gente.
Bajamos los curiosos y los que intentaron ayudarlo.
Entre los últimos había un médico.
Apartó a los demás y se arrodillo a su lado para revisarlo.
-¡No hay nada que hacer!- dijo – está muerto...

Daniel Kritz