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domingo, 6 de octubre de 2013

La casa de los bichos


El sujeto estaba vestido como Dick Tracy, si es que alguno de ustedes es tan jovato como para haberlo oído nombrar. Dick era un detective privado  de los años treinta.
Estaba envuelto con un impermeable y con un sombrero encajado hasta las cejas.
Los ojos ocultos detrás de un par de anteojos oscuros.
Subió a mi taxi, y mientras se acomodaba le pregunté si quería que prenda la calefacción. Lo vi tan emponchado que supuse que tenía frio.
Mientras tanto lo miré por el retrovisor y ahí me di cuenta que era un sujeto extraño.
El tono de su piel, algo entre verdoso y gris...parecía enfermo o muerto de hambre.
Me dije no juzgues a tus pasajeros y hace tu trabajo de transportar gente de un punto a otro de la ciudad.
Con una voz cansina me dio una dirección en Villa del Parque, bastante lejos de donde estábamos.
Buena ganancia, pensé y le pregunté:
-Maestro ¿Quiere que baje la banderita o arreglamos el precio? - No - me contestó parcamente en una vos tan baja que casi no le escuché.
Prendí la radio y le pregunté si le molestaba.
Ni se dignó a contestar,  lo cual interpreté como una afirmación.
Después de los casi cuarenta minutos llegamos al destino, ahí me di cuenta adonde había viajado.
Al " Palacio de los bichos", como así llamaban a esta casa  del barrio Villa del Parque  por las gárgolas que originalmente la decoraban.
Me acordé de la leyenda.
 La casa que había construido un aristócrata italiano para su hija y a su yerno como regalo de bodas.
 Luego del festejo, la pareja partió a su luna de miel. A minutos de salir, el coche que llevaba a los novios fue atropellado por el tren y ambos perdieron la vida al instante.
Desde ese entonces, la casa fue cerrada y los habitantes del barrio se encargaron de hacer rodar diversas historias de los fantasmas de la pareja que la habitaban.
Volviendo a la realidad le dije.
- Llegamos don, son 30 con 40...
- No tengo dinero...
- ¿Y porque subió al taxi si no lo puede pagar?
- Tengo que llegar antes de la media noche a casa.
- ¡Y a mi que me importa, lo traje, ahora quiero la guita.
- Mire, yo soy Ángel Lemos- me dijo sacándose el sombrero y los anteojos- Lucía me espera- agregó.
El color gris verdoso era el de su calavera.
Ahí recordé un poco mas de la historia.
La hija del tano rico se llamaba Lucía y el novio era el famoso violinista Ángel Lemos.
Comencé a tragar saliva y a transpirar.
Dejé de mirar el espejito y mire hacia el frente.
Queriendo convencerme de no era real, pensé.
- ¡Puta lo que se inventa  la gente para no pagar treinta mangos!-
De pronto sentí frío en la nuca, no me atreví a mirar.
Gotas frías de sudor me empapaban el cuello de la camisa y la espalda.
Un silencio pesaba me envolvía, solo escuchaba el ronroneo del motor. No recordaba si yo había apagado la radio o si se apagó sola.
Pasaron unos minutos hasta que me atreví a darme vuelta.
Cuando lo hice, vi la puerta abierta y vi algo en el asiento.
Era un anillo de matrimonio...
Lo tomé y prendí la luz interior.
En el lado interior se podía leer a pesar de estar muy gastado.

"Con amor de Ángel a Lucía"


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