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viernes, 8 de noviembre de 2013

La insoportable levedad.

                «En la vida, todo lo que elegimos por su levedad no tarda en revelar su
              propio peso insoportable.»
              Italo Calvino, hablando sobre La insoportable levedad del ser    de Milos
              Kundera.

Todos lo conocen por el:
¡Tranquilo...Venancio!
Un hombre atildado, comedido y siempre bien vestido.
De saco y corbata los 365 días del año
La única displicencia que se permite es vestir camisa de mangas cortas en los días en que el bochorno agobia.
Uñas de visita a la manicura.
Una imagen de aplomo impecable que nada en el mundo  la podrá perturbar
Pero la realidad es otra.
Venancio en su interior tiene una batería.
Como la aplicación del celular, que a pesar de ser todas rectangulares, nos muestra una pila redonda, llenándose de a poquito  con un líquido verde.
Venancio aparentemente no reacciona, pero las pequeñas broncas se acumulan en su batería.
Hoy su gerente lo llamó a su oficina:
- Venancio ¿qué pasa? Rodríguez consiguió un aumento de sus ventas en su sección del 15%. La suya inclusive cayó en un 5%.
 Le sonrió y le contesto:
-No se preocupe, señor trataremos de solucionarlo inmediatamente
Y su otro yo pensó lo que realmente quisiera decirle:
-¡Pero pedazo de boludo, Rodríguez vende alimentos, y yo electrodomésticos...! ¿Quién come heladeras con esta crisis?
La bronca va a la batería verde.
Antes de llegar a casa un tipo con un Peugeot rojo, lo pasó por la derecha y lo cerró para doblar a la izquierda en el semáforo.
Estaba en rojo. Venancio paró a su lado y le sonrió, mientras pensaba:
- ¡Si tuviese un mionca te aplasto como a una cucaracha! El verde sube....
Al llegar a casa  la entrada a su garaje estaba bloqueada por el coche de su vecino... piensa:
¡Siempre lo mismo, que carajo le cuesta estacionar medio metro mas atrás!
Con paso cansino fue a la puerta de Antonio, tocó el timbre y cuando salió le dijo
- Don Antonio, ¿podría correr un poquito su automóvil, por favor?
-¡Uf, que hinchabolas, Venancio! Contestó el vecino saliendo a desgano.
Venancio lo siguió  sonriendo imaginando como le deshace el cráneo con el crique del auto.
El verde subiendo, subiendo.
Salió del garaje y fue al almacén del barrio  para comprar un litro de leche. Al pagar solo tenía un billete de doscientos.
La cajera le puso cara de culo y le dijo: ¡compre en otra parte! ¿Que se piensa,  le voy a dar  todo el  cambio que tengo?
Venancio le sonrió  y volvió  al auto donde encontró un billete de diez.
- Aquí tiene señorita, sírvase por favor. Le entregó el dinero con una sonrisa...pensando:
- ¡Podes enrollar este billetito y metértelo en el orto!
El verde subiendo, subiendo...
Cuando entró a casa, vio a su hijo salir del baño, le dio un beso y entró el.
Levantó la tabla cuidadosamente, hizo su pipí  sin haber visto que el nene la había dejado toda goteada.
Su mujer viene, le gruñe un saludo y mira adentro del baño.
-¡ Ya measte la tabla otra vez, Venancio, te la voy a atar!
Quiere reaccionar diciendo que no fue el, señalando al chico que se esta escondiendo en el cuarto.
Venancio quisiera decirle:
¡Fue ese pendejo de mierda!
Comedidamente le dice:
- Me parece que Marquitos hizo pipí sin mirar, querida.
- Dale, encima le echas la culpa al nene ¿no te da vergüenza? Andá, prepará la cena que me estoy pintando las uñas.
El verde de la pila se acerca al positivo...
Se lava las manos... se saca el saco... lo cuelga en el ropero... se arremanga... se pone un delantal y finalmente se pone a cocinar.
En ese instante suena su celular. Es su gerente:
- Hola, Venancio vea el file que le mandé en un
 e-Mail. Es su informe de hoy, por favor revíselo íntegro y tráigamelo  para mañana.
Venancio, cierra los ojos y paladea una respuesta
- ¡Pero sorete, no se da cuenta que ya salí de la oficina, que carajo se cree! 
Sonriendo, aunque el jefe no lo ve responde:
De acuerdo señor, mañana por la mañana estará todo listo... Si...si...no se preocupe....que tenga muy buenas noches....y  su mente continua: ¡ y no se olvide de irse a la mismísima puta madre que lo reparió !
Termina de cocinar, prepara la mesa y llama a la familia.
Intenta conversar con su hijo pero el nene viene con su iPod y no le da pelota, la nena llega hablando con el celular así que ni siquiera intenta. Su mujer llega del dormitorio y se sienta soplándose las uñas.
Comienzan a comer.
La mujer da un bocado y grita:
-¡Pero esta bazofia no tiene nada de sal!
 La pila explota, Venancio se pone todo verde de furia, agarra el salero con  rabia  y se lo tira por  la cabeza.
La mujer que tiene  la costumbre de balancearse sobre las patas de la silla, lo recibe en la frente y se cae para atrás.
Se quiebra la nuca al golpear en el mármol de la mesada.
Como una marioneta de trapo sigue cayendo lentamente hasta quedar desparramada en el suelo
Venancio se levanta y se acerca.
-¡ Pero le puse sal, querida!

En el juzgado, con una mirada de ciego hacia un costado, solo atina a balbucear:
- Pero le puse sal... Le puse sal...le puse sal..

El juez sentenció  homicidio involuntario y ordeno internarlo en un hospital psiquiátrico.

En la sección policial del diario salió el titular:
¡Mató a su mujer de un salerazo y el juez lo mandó al psiquiátrico
En un bar alguien lee la noticia a sus amigos.
Otro parafraseando a Kundera la comenta:
- Es insoportable la levedad de los jueces para juzgar a un asesino







1 comentario:

  1. Aunque tenga el final anunciado desde un principio, el cuento esta muy bueno. Me gusto!

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