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miércoles, 9 de enero de 2013

Ningún hombre honesto se hace rico en un momento



Galindes se levantó temprano, casi de noche, tomó un café recalentado del día anterior, manoteó un pedazo de pan y salió corriendo a la parada del ómnibus. Quería ser de los primeros en el puesto de la lotería de Doña Manolita.
Años y años que soñaba con ganar el gordo de Navidad.
Salir de esa pobreza que le agobiaba. Eulalia ya había fallecido, pero si ganaba, por lo menos podría ayudar al Toto y a Clarita.
Toto, a pesar de ser ingeñiero, vivía de trabajar de taxista por las noches.
La Clarita se quemaba las pestañas cosiendo para varias modistas.
Los nietos solo soñaban con los regalos que deseaban, la bicicleta nueva con doce cambios de Carlitos estaba lejos de la realidad y la Barbie para Thelmita también. Se tendrían que conformar con alguna chuchería de plástico de aquellas de " todo por cinco euros". Cuando llegó la cola ya era bastante larga y un par de policías  estaban intentando de poner orden.
Hacía años que compraba el mismo número que le había dicho una gitana en Sevilla.
-¡ Oye payo, me da un'leuro y te adivino la suerte.!- A cambio del euro la gitana me dijo un número con muchísima seguridad y agregó- ¡ Que tu'va'a ganar a lotería con este numeo, señorito!
Y se alejó mirándome como quien mira al diablo.
Me dejó impresionado y por eso insisto.
Comenzó a saltar un poquito, a fregarse las manos y se arropó con la bufanda; hacía un frío de puta madre.
El sorteo era ese mismo día en el Teatro Real.
Ya había comprado una botella de cava barata y un turrón. También había bajado del desván la sillita plegable.
Tenía todo preparado para festejarlo.
Hoy salgo de pobre, pensó esperanzado.
A la tarde llego al teatro y se encontró con la pandilla de los pobres esperanzados de todos los años.
-¡ Hola Galindes! ¿Pues es hoy el gran día...?- le dijo Felipillo, otro pobretón soñador como el.
- ¡ Pueh, si, que es hoy...de aquí unas horas nos tomamos la cava para festejar, después nos vamos de putas para completar la fiesta...!
-¡ Ja, ja! ¿pues ya te compraste el Viagra, o un chupachús  para entrenar la lengua...?
Chanceaban entre si para soportar la angustia de la esperanza.
Galindes tenia los billetes entre sus dedos agarrotados por el frío ...
El corazón le palpitaba como nunca le había pasado, la tensión lo estaba destrozando.
Felipillo lo vió tan nervioso, que intentó calmarlo.
-¡ Pues cálmate hombre, que en esta o ganas tu o me lo llevo yo..! Ellos compraban los billetes con los tres numeros finales iguales.
Por fin el  niño del colegio San Ildenfonso canto el numero del premio mayor, con ese tono especial del "gordo de Navidad" ...
Un brillo de alegría resplandeció en los ojos de Galindes . Saltó de alegría. Pero cuando cayó al suelo, ya estaba muerto.
Su corazón no soportó el alegrazo, Felipillo intentó ayudarlo en vano...
En el tumulto,  un ratero haciendose pasar por un buen samaritano que intentaba salvarle, le arrebató los billetes.
Galindes no iba disfrutar del premio, pero el ratero tampoco. En su desesperada huida hacia la Puerta de Sol, cruzó la avenida y lo atropelló un camión de basura y murió en el acto. Al caer abrió los dedos de la mano alcantarilla , justo arriba de una alcantarilla, lugar donde había caído el cuerpo del desgraciado. Un barquito de papel que venia navegando por el agua que corria al costado de la vereda empujó los billetes en su caída.
Felipillo atendiendo a su amigo, no se dió cuenta y solo atinó a gritar:
-¡Un medico por favor....!





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